La estructura de la Vía Láctea podría ser diferente a lo que los astrónomos habían pensado durante años. Un nuevo estudio realizado con datos del Observatorio de Rayos X Chandra de la NASA y del telescopio espacial XMM-Newton de la Agencia Espacial Europea (ESA) encontró que los brazos espirales más externos de nuestra galaxia podrían extenderse más lejos de lo estimado anteriormente.
Los resultados fueron publicados este miércoles en la revista científica Astronomy & Astrophysics y podrían llevar a los especialistas a replantear aspectos fundamentales sobre el tamaño y la estructura de la galaxia donde se encuentra el Sistema Solar.
Explosiones cósmicas ayudaron a medir la galaxia
Para realizar la investigación, un equipo internacional de astrónomos utilizó estallidos de rayos gamma, algunos de los fenómenos más energéticos del universo. Estas explosiones ocurren cuando estrellas masivas colapsan o cuando dos estrellas de neutrones se fusionan.
La luz emitida por estos eventos viajó a través de la Vía Láctea y rebotó en nubes de polvo ubicadas en los brazos espirales. Este fenómeno, conocido como “eco de luz”, permitió a los científicos observar anillos de rayos X y calcular con precisión la distancia entre la Tierra y dichas nubes.
Según la investigadora principal, Beatrice Vaia, esta técnica tiene una ventaja importante porque utiliza principios geométricos directos y evita depender de modelos sobre la rotación de la galaxia, los cuales son menos precisos en las regiones más alejadas.
Dos brazos espirales serían más lejanos
Los investigadores analizaron tres estallidos de rayos gamma para estudiar tres brazos de la Vía Láctea: Perseo, Exterior y Escudo-Centauro Exterior.
Los datos mostraron que los brazos Exterior y Escudo-Centauro Exterior podrían encontrarse aproximadamente un 10 por ciento más lejos de lo que se pensaba hasta ahora.
De acuerdo con la astrónoma Ilaria Fornasiero, aunque la diferencia parece pequeña, tiene implicaciones importantes para comprender mejor la galaxia. Por ejemplo, podría modificar cálculos relacionados con la masa total de la Vía Láctea y la extensión real de sus brazos espirales.
Además, el equipo estimó que una de las nubes de polvo ubicadas en el brazo más distante tiene una anchura aproximada de 3 mil 500 años luz, lo que refuerza la idea de que las mediciones representan la estructura completa del brazo y no únicamente una región aislada.
Un método preciso, pero poco frecuente
Los científicos destacaron que esta técnica ofrece mediciones más precisas que otros métodos disponibles. Sin embargo, reconocieron que depende de la aparición de estallidos de rayos gamma brillantes y visibles a través del plano galáctico, eventos que son poco comunes.
Andrea Tiengo, integrante del estudio, explicó que en más de 25 años solo se han detectado unos cuantos casos adecuados para este tipo de análisis, aunque los investigadores continuarán buscando nuevas oportunidades para ampliar el mapa de la Vía Láctea.
Estos hallazgos representan un avance importante para comprender mejor la forma y extensión de nuestra galaxia, una tarea que continúa siendo un desafío debido a que la Tierra se encuentra dentro de uno de sus propios brazos espirales.
